Barcaza de remos blancos
y de madera muy clara
atracada solitaria
con sogas en madrugada.
-.-
Gris horizonte de acero
donde la luna plateaba
tu silueta en negro y blanco
junto al muelle recostada.
-.-
¡Ay!,que negrura tenía
tu fondo cerca del alba,
¡ay!, que vaivenes de asombro
ponías en tu hamacada.
-.-
Y a tí te alcancé en penumbras
a tocar con la mirada,
pañuelo anudado al cuello
mientras tu boca fumaba.
-.-
Sé que esperabas mi vuelta
amor de las madrugadas,
para anudar mi cintura
junto a sus lonas muy blancas.
-.-
¡Ay! barcaza si supieras
cómo temblaba mi calma
cuando en sus brazos morenos
mis rojos labios sangraban.
-.-
Su silbido largo y tierno
por el cielo se escapaba,
cuando los grillos del monte
cantaban cien serenatas.
-.-
Seguro que en dos corceles
cabalgaba tu esperanza
y que en esos potros bravíos
tus negros ojos miraban.
-.-
No quise volver, no quise,
aunque aquel que me esperaba
dormido de dos botellas
en mi cama reposaba.
-.-
Se que lloraron tus ojos
mientras que la hora apuraba
el ritmo del minutero
que tienes en tu garganta.
-.-
Y te marchaste despacio
en tanto yo que te espíaba
clavé alfileres de olvido
justito en medio del alma.
-.-
Barcaza de remos blancos
y de madera muy clara,
nuestros sueños van prendidos
gimiendo sobre tu espalda.
-.-
Norma Estuard
(Argentina)

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